MIS PRINCIPIOS

MIS PRINCIPIOS CON NTRO PADRE

sábado, 11 de septiembre de 2010

VIA CRUCIS DE MADRID


Ciertamente, no había asistido nunca a un debate tan apasionante como éste. Vaya por delante que respeto tanto a los partidarios de que el Cristo de las Tres Caídas acuda a Madrid como a los que piensan lo contrario. Incluso, me entusiasma tanto que la imagen pueda darse a conocer mundialmente como el temor del traslado.

No he tomado la decisión porque me gusta esperar al cabildo en el que conozca los pormenores económicos, de seguridad e, incluso, pastorales pero, a priori, no veo más que cosas buenas en que nuestro Cristo vaya a Madrid.

Con la ley en la mano
En primer lugar, se trata de una petición expresa de la Iglesia a la Hermandad para que traslade la imagen a la capital del país para el rezo de un Vía Crucis presidido por el Papa. Tan sólo basta que la Iglesia lo haya pedido para que la hermandad hubiera acatado sin debate alguno. Somos Iglesia y, como tal, nos debemos a ella.

Sentimentalmente, el Cristo de las Tres Caídas es patrimonio de los trianeros y de aquellos que le rezan. Pero, legalmente, el derecho canónico establece que las imágenes (en calidad de bienes muebles) son propiedad del Arzobispado. Esto quiere decir que cualquier Arzobispo está capacitado para gobernar por decreto y, en cambio, a nosotros nos han ofrecido la oportunidad de eligir.

Una finalidad religiosa
El acto para el que se ha solicitado la presencia del Cristo de las Tres Caídas no tiene tintes ni culturales, ni folclóricos. El Señor no va a presidir una exposición ni una exhibición de enganches. Es un acto puramente piadoso presidido por el Papa, que es el representante de Cristo en la Tierra.

Veo con buenos ojos que la Macarena vaya a presidir la Beatificación de Madre María de la Purísima en un estadio de futbol. No hay que renunciar a las nuevas formas de Evangelización y menos cuando estas tienen como finalidad el rezo, algo que cada vez se hace menos.

Me llevo las manos a la cabeza cuando, en los últimos meses, he oído calificar al Vía Crucis de “verbena” o “espectáculo” y me produce auténtico bochorno que se pretendan manipular las cosas de esa manera. Es más, calificativos de este tipo he leído de cofrades que no tienen ningún reparo en ap***r las procesiones “ilegales” de imágenes sin bendecir que se vienen dando en la ciudad y que la Iglesia no reconoce. No veo, tampoco, que nuestro Arzobispo se merezca una respuesta tan simplona como la de “el que quiera ver a mi Cristo que venga a Triana”. Esto es algo mucho más serio y que exige sentido común y no arrogancia.

El Cristo de los jóvenes
Se espera que ese Vía Crucis sea seguido por más de dos millones de personas, la gran mayoría, jóvenes. Es más del doble del público que viene a ver la Semana Santa de Sevilla desde el Domingo de Ramos al de Resurrección. Ni que decir tiene la repercusión mundial que tendrá a través de las cientos de televisiones y miles de páginas webs que se harán eco del acontecimiento. Si en Sevilla hay un Cristo que atraiga y entusiasme a los jóvenes, ese es el de las Tres Caídas. Qué mejor acicate que acudir a Madrid para que sea Él el centro de los rezos que millones de jóvenes van a hacer.

Las dudas
Por último, decía que mi decisión la sopesaba a detalles como el dinero o la seguridad. Tengo entendido que ya ha habido quienes se ha comprometido, económicamente, con la causa (creo que ha sido una Caja de Ahorros). De hecho, esa era una premisa básica para convocar o no el cabildo general. Y, en segundo lugar, desde el punto de vista de la seguridad es evidente que si existen medios para trasladar un Martínez Montañés o un Velázquez a Nueva York, los hay, también, para llevar a una imagen a Madrid con todas las garantías. Máxime, esto último, cuando el IAPH, tras analizar el soporte del Señor ha dicho que está en inmejorables condiciones.

Esta es mi opinión argumentada y meditada sobre el que, insisto, respeto cada una de las posturas porque, me consta, es un asunto delicado y que no estamos acostumbrados a tratar. Sólo te pido que, si dejas un comentario en este escrito (a favor o en contra), lo hagas con respeto porque, al igual que me he esforzado en explicar mi opinión, me encanta leer los pareceres de otros, aunque no compartan mi punto de vista.